Cueva de la Cerdaña
Está situada en las faldas del pico Cerdaña, rodeada de altas montañas pobladas de pinos y carrascas. Es famosa por su condición de cueva-santuario de época ibérica, en la que se rendía culto a la naturaleza. Esta cueva, de la que se cuenta una bonita leyenda, es visita obligada para los amantes del senderismo y la espeleología, debido a las numerosas galerías llenas de estalagmitas y estalactitas que decoran su interior. La entrada a la cueva es pequeña, está dividida por una gran estalagmita al centro que va desde el suelo hasta el techo. En el interior se pueden ver otras tantas de menor tamaño. La cueva presenta dos bocas separadas entre sí 7 m. La mayor, de 6x2 m da acceso, mediante un salto de 6 m, a una sala descendente de unos 60x35x15 m, en la que abundan los bloques y las formaciones de estalagmitas. En su extremo NW, a través de una fractura y entre bloques, se accede a un conjunto de pequeñas salas y simas, que descienden hasta la cota de -85 m. En el extremo N de la sala y tras descender un pozo de 3 m se accede a una sala irregular y muy caótica de unos 50x15x5 m. Se trata de un yacimiento arqueológico de la Edad del Bronce en el que también se encontraron fragmentos vinculados a rituales ibéricos. En la actualidad es de gran interés para la espeleología. Fue visitada a finales del siglo XIX por personajes ilustres como Santiago Ramón y Cajal; asimismo por Sarthou Carreres y por los biólogos Jeannel y Racovitza, a principios del XX. En su interior fueron hallados cadáveres y restos de la guerra civil española. Sus coordenadas son: UTM: 30S YK 039305. Alt.: 1.100 m.
Situada en las faldas del pico Cerdaña rodeada de altas montañas pobladas de pinos y carrascas. Famosa por condición de Cueva-Santuario en Época Ibérica mostrando culto a la Naturaleza, la cueva, de la que se cuenta una bonita leyenda, es visita obligada para los amantes del senderismo y la espeleología, debido a las numerosas galerías llenas de estalagmitas y estalactitas que decoran su interior.
La entrada a la cueva es pequeña, está dividida por una gran estalagmita al centro que va desde el suelo hasta el techo. En el interior de la cueva podemos ver otras tantas de menor tamaño.
Esta cueva presenta dos bocas separadas entre sí 7 m. La mayor, de 6x2 m da acceso, mediante un salto de 6 m, a una sala descendente de unos 60x35x15 m, en la que abundan los bloques y las formaciones de estalagmitas. En su extremo NO, a través de una fractura y entre bloques, se accede a un conjunto de pequeñas salas y simas, que descienden hasta la cota de -85 m. En el extremo N de la sala y tras descender un pozo de 3 m se accede a una sala irregular y muy caótica de unos 50x15x5 m.
Se trata de un yacimiento arqueológico de la edad de Bronce en el que también se encontraron fragmentos vinculados a rituales ibéricos. En la actualidad es de gran interés para la espeleología. Fue visitada a finales del siglo XIX por personajes ilustres como Santiago Ramón y Cajal; asimismo por Sarthou Carreres y por los biólogos Jeannel y Racovitza, a principios del XX. En su interior fueron hallados cadáveres y restos de la guerra civil española.
Coordenadas UTM: 30S YK 039305. Alt.: 1.100 m.
Es una de las cavidades más conocidas de Castellón, ya que, por sus dimensiones es una de las más importantes. Por otra parte hay varios estudios muy antiguos que trabajaron la parte arqueológica, al haber habido un poblamiento en épocas antiguas
Por otra parte, esta cueva, situada en la ladera del monte Cerdaña, en el Termino de Pina de Montalgrao, pero cercana a las poblaciones de Caudiel, Higueras y Montán, es muy conocida por los habitantes de la zona, ya que está cercana al antiguo camino que unía las poblaciones y además es una cavidad de muy fácil acceso y de visión espectacular, por lo que ha atraído, además de la curiosidad de los lugareños, las visitas de multitud de excursionistas.
Leyenda acerca de la cueva:
En esta maravilla geológica no moró un dragón, pero tiene, como es de rigor, su leyenda. La historia está vinculada con el origen del topónimo de la cueva. Y de cómo surgió nos lo cuenta la ilustre escritora y buena amiga mía, Matilde Pepín, en su obra titulada “Valencia Mágica. Misterios, enigmas y rituales ancestrales”. Dice así: “En el siglo XVII un soldado de Pina de Montalgrao se hallaba en la isla de Cerdeña, cuando conoció una bellísima muchacha de la que quedó prendado. Se casaron y vinieron al pueblo para quedarse. La familia del muchacho tenía otros planes para el héroe y repudió a la extranjera, acusándola de hechicera y seductora. La pareja se refugió en la hermosa cueva y allí vivieron su historia de amor. Habitaban una bellísima cámara oculta en el interior, donde había un altar con símbolos del Santo Grial, como si el vaso sagrado, el mítico recipiente céltico hubiera estado allí escondido algún tiempo. Dicen que ella ejercía de sibila. Un día el hombre salió a cazar y se entretuvo cogiendo granadas para ofrecerle a su amada; ella se quedó sola en la cueva y quiso explorar las simas ocultas, desapareciendo misteriosamente. Cuando volvió su amado, la buscó desolado durante días y semanas hasta que se dejó morir de tristeza.
La fábula asegura que algunas noches primaverales, los espíritus de los enamorados vuelven a la gruta de sus amores y que protegen a las parejas”.